Calderón disfrutaba de unos tragos en un bar junto a otras personas cuando, en un arranque de inspiración (o de licor), decidió que un casco ajeno le quedaba perfecto. Lo agarró y se marchó tan tranquilo, como quien se lleva el abrigo de la fiesta equivocada.
Pero el dueño del casco, un motociclista con poca paciencia para los «préstamos» no autorizados, se dio cuenta del asunto y salió tras él en una persecución digna de película, aunque sin presupuesto ni música épica.
Al verse perseguido, Calderón sacó a relucir sus dotes de atleta y echó a correr. Lamentablemente, en su carrera olímpica invadió el carril de otro motorizado que circulaba de sur a norte, y el encuentro fue inevitable: lo atropelló.
El motociclista involucrado, ágil como pocos, se levantó rápidamente y se esfumó antes de que llegaran las autoridades. Calderón, en cambio, quedó a un lado de la vía con lesiones de consideración, mientras la carrera terminaba con un tropiezo bastante serio.

Hombre resulta lesionado en Estelí
«El lesionado estaba en el mismo bar que nosotros y, de repente, se llevó un casco. Lo seguimos y fue cuando lo atropellaron, porque se había robado el casco. Creo que fue por el mismo licor»; dijo un testigo.
Miembros de la Cruz Blanca llegaron al rescate, estabilizaron al joven y lo trasladaron a un centro hospitalario para su pronta recuperación.
¿Y el casco? Ese salió ileso. Su dueño lo recuperó y se fue donde sus amistades a seguir celebrando, como si nada.
El accidente ocurrió frente al Primer Comando Militar, en Quiabú, sobre la carretera Panamericana, en Estelí.
Moraleja: si va a tomar licor, que sea con moderación. Y si va a llevarse un casco, que sea el suyo.



















