Un niño de 8 años sobrevivió de manera milagrosa a un voraz incendio que destruyó por completo la vivienda donde permanecía solo, en el barrio La Primavera, Distrito VI de Managua. El menor logró escapar antes de que las llamas envolvieran la estructura y, aunque sufrió una leve quemadura en una de sus manos, el siniestro dejó únicamente cuantiosas pérdidas materiales.
«Lo agarré y le pregunté qué había pasado. Él me dijo que estaba viendo televisión cuando su cuarto agarró fuego»; narró la vecina, aún con evidente nerviosismo.
Habitantes del sector indicaron que en la vivienda residían el menor y su hermana de 18 años.
Una familiar, visiblemente afectada, aseguró que recibió la noticia mientras se encontraba trabajando. «Yo había entrado a turno cuando de repente me llamaron para decirme que la casa se había incendiado. Vine corriendo y encontré al niño, quien se quemó un poco una mano, y la hermana no estaba. Ellos viven solos; la mamá de ambos reside y trabaja en Costa Rica»; expresó entre lágrimas.

Niño de 8 años sobrevive a voraz incendio
Por su parte, la vecina Iris Belén González relató que el menor se encontraba solo al momento del incendio. «Estaba solo el niño de 8 años y la hermana quién sabe para dónde había salido. Cuando vimos que todo se estaba incendiando tratamos de apagar el fuego, pero las llamas eran incontrolables. Afortunadamente, el niño logró salir corriendo. Dios lo salvó»; manifestó.
Al lugar acudieron varias unidades de Bomberos Unidos, cuyos efectivos evitaron que el incendio se propagara hacia viviendas aledañas. Sin embargo, cuando lograron controlar las llamas, la casa de los menores ya había sido consumida por completo.

Posteriormente, especialistas de la Brigada Contra Incendios iniciaron las investigaciones correspondientes. Entre las posibles causas se analizan un recalentamiento de aparatos electrónicos, una fuga de gas o un cortocircuito, aunque serán los peritajes técnicos los que determinen el origen del siniestro.
El hecho, además de dejar a los dos hermanos sin un hogar, pone de manifiesto los riesgos a los que pueden estar expuestos los menores cuando permanecen sin la supervisión de un adulto.


















