El Gobierno de Puerto Rico y la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) mantienen un plan de racionamiento de agua que afecta a más de 500.000 personas, equivalentes a unos 183.000 abonados, en los municipios de San Juan, Trujillo Alto, Carolina, Canóvanas, Loíza, Gurabo y Juncos.
La medida fue implementada debido a una severa sequía que continúa reduciendo los niveles de los principales embalses de la isla. Carraízo, uno de los sistemas más importantes para el suministro de agua, descendió seis centímetros y se ubicó en 37,53 metros.
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Las interrupciones del servicio se organizan mediante bloques rotativos de 48 horas, después de que Carraízo entrara en la fase de ajustes operacionales.
La zona 1 dispone de suministro los viernes y sábados, mientras los cortes se realizan los domingos. En la zona 2, la suspensión del servicio comenzó el viernes a las 6:00 de la mañana.
Sequía golpea a Puerto Rico: más de 500.000 afectados

Residentes de la zona 1 han denunciado retrasos en el restablecimiento del suministro. Ante estas quejas, la AAA explicó que una avería registrada la semana anterior todavía afecta el proceso de distribución y que es necesario esperar a que los tanques recuperen sus niveles para normalizar el servicio.
Carraízo abastece a 179.387 clientes y continúa bajo presión por la falta de lluvias. El descenso del embalse también ha dejado expuestas áreas de su fondo y provocado la muerte de peces en las orillas.
Otros embalses también presentan reducciones. Cidra bajó dos centímetros hasta alcanzar los 400,13 metros. Este sistema suministra agua a 14.537 abonados de Aguas Buenas, Caguas, Cayey y Cidra. Aunque se encuentra en ajustes operacionales, todavía no ha entrado en racionamiento.
La situación de La Plata también genera preocupación. El embalse amaneció con 46,38 metros, una reducción de 60 centímetros respecto a los 46,98 metros registrados el pasado 2 de agosto. La Plata abastece a 130.828 abonados en Bayamón, Dorado, Guaynabo, Naranjito, Toa Alta y Toa Baja, y está a 1,49 metros de entrar en la fase de ajustes operacionales.
En total, 12 embalses registraron reducciones en sus niveles. Río Blanco disminuyó nueve centímetros; Fajardo, ocho; Guayabal, dos; Toa Vaca, tres; Carite, dos; Patillas, tres; Lucchetti, ocho; Cerrillos, seis, y Dos Bocas, diez centímetros. Matrullas se mantuvo sin cambios.
En contraste, Garzas aumentó tres centímetros, Guayo cuatro, Loco dos y Guajataca uno. Guineo permaneció en nivel de desborde.
El Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos mantiene a San Juan bajo la categoría de «sequía grave», mientras el suroeste de Puerto Rico permanece en «sequía extrema». Cerca del 80 % del territorio puertorriqueño está afectado por las condiciones secas.
Julio fue particularmente crítico. El mes acumuló apenas 0,54 pulgadas de lluvia, equivalente al 9 % del promedio habitual y el registro más seco para julio desde 1899.
La gobernadora Jenniffer González atribuyó la situación a las condiciones climáticas y al deterioro de las tuberías. Además, informó sobre la existencia de más de 1.000 incendios forestales activos y la asistencia del Gobierno federal de Estados Unidos.
Ante la escasez, los ciudadanos han comenzado a almacenar agua y comprar botellas para enfrentar los periodos sin suministro. Para mitigar el impacto; la AAA habilitó 35 oasis distribuidos entre San Juan, Carolina;L Trujillo Alto, Loíza y Canóvanas.
La crisis también alcanza al sector educativo. Las escuelas operarán con jornadas reducidas durante los días de corte y no se descarta el regreso a clases virtuales si las condiciones empeoran.
El Gobierno declaró el estado de emergencia a finales de julio y advirtió que las restricciones podrían extenderse. Si la sequía continúa intensificándose, las autoridades podrían activar la segunda fase del plan de racionamiento; que contempla un día con suministro seguido de tres días consecutivos sin servicio.
A esta situación se suma el pronóstico de la Organización Meteorológica Mundial, que prevé que el fenómeno de El Niño podría intensificarse entre agosto y octubre. De confirmarse; el fenómeno podría alterar aún más los patrones de lluvia y complicar la recuperación de los embalses en Puerto Rico.


















