El departamento de Masaya no solo es el corazón geográfico de Nicaragua, sino el epicentro donde la identidad ancestral se funde con el dinamismo del turismo moderno.
En un reciente recorrido encabezado por la presentadora Nahomy Pol, la ruta entre Catarina y San Juan de Oriente demostró por qué esta zona sigue siendo el motor de la «economía creativa» del país, apostando por una mezcla de aventura, historia y contacto directo con las raíces Chorotegas.
La experiencia comenzó rompiendo el sedentarismo. Más allá de la clásica fotografía en el mirador, la propuesta actual invita a los visitantes a integrarse con el entorno a través del senderismo y los recorridos ecuestres.
Esta tendencia, impulsada por el MINJUVE con el Turismo Comunitario, busca que el turista no sea un simple espectador, sino que conecte físicamente con el ecosistema local, aprovechando el relieve variado para promover un estilo de vida saludable mientras se descubre la flora y fauna de la región.
Artesanía e historias en el corazón de Masaya
El punto neurálgico del viaje fue San Juan de Oriente, un municipio que ostenta con orgullo el título de Ciudad Creativa. Aquí, la estadística es impresionante: el 80% de sus habitantes son artesanos.
Como bien señala la alcaldesa Manuela Patricia Pavón, la estructura de este pueblo desafía la urbanidad convencional, ya que prácticamente cada vivienda funciona como un taller domiciliar. Es una exhibición viva y continua de talento donde el flujo de visitantes, especialmente de viernes a domingo; sostiene el crecimiento de las familias locales.
Este impulso económico se ha visto reforzado por la inversión en infraestructura. La inauguración de un nuevo mirador en noviembre de 2025 ha dado un nuevo aire a la zona, ofreciendo un espacio moderno que complementa la oferta tradicional y eleva el perfil competitivo del municipio frente a otros destinos nacionales.
Pero la riqueza de Masaya no solo se mide en ventas de cerámica o vistas panorámicas. El valor intangible reside en la preservación de la herencia Chorotega.

Cultura e idiosincrasia
Figuras locales como Isidra Potosme mantienen viva la llama de la tradición a través de la gastronomía y el folclore.
Un elemento que nunca falta en la bienvenida al visitante es la «Chicha Bruja», una bebida emblemática que sirve como hilo conductor entre el pasado prehispánico y la alegría del presente. En estos pueblos, el consumo de la chicha es un ritual que suele acompañarse de música y danza; transformando una simple visita en una experiencia sensorial completa.

Finalmente, el modelo turístico de Masaya se consolida gracias a una simbiosis perfecta. Por un lado, la mejora constante en infraestructura y la diversificación de actividades físicas; por el otro, la inquebrantable voluntad de un pueblo que respira arte y respeta sus raíces.
Visitar estos destinos es, en esencia, reencontrarse con el talento manual y la hospitalidad que definen la identidad nicaragüense.


















