Bul Il es un monje que vino de la ciudad portuaria suroriental de Busan para ayudar a las familias de los más de 100 desaparecidos del transbordador surcoreano hundido. Así como el, son muchos voluntarios que han surgido en este puerto, normalmente somnoliento, para ayudar a las familias de los desaparecidos en el desastre. La ciudad ha recibido una oleada de bondad de extraños.
Todo el país vive un duelo por una tragedia que seguramente resultará en más de 300 muertos, en su mayoría estudiantes de secundaria, lo que ha traído una avalancha de voluntarios. Más de 16.000 personas casi la mitad de la población normal de la isla han venido a ayudar.
Ellos se encargan de gran parte de la atención que reciben los familiares de los desaparecidos en Jindo, mientras esperan que los buzos recuperen los cuerpos de sus seres queridos entre los restos del barco Sewol.Algunos lavan retretes y pisos de los baños en el gimnasio donde duermen las familias, haciendo que los servicios sanitarios luzcan prácticamente impecables.
Un hombre camina con un enorme letrero que dice: «Puedo lavar tu ropa». También cocinan ollas enormes de sopa kimchi caliente, distribuyen mantas, toallas y artículos de aseo, recogen la basura y barren las instalaciones. Voluntarios turcos ofrecen kebabs. Un camión distribuye tofu casero y otro, pizza.
Los taxistas de Ansan, de donde eran más del 80% de los estudiantes de secundaria de los desaparecidos y los muertos, ofrecen transporte gratis desde y hacia Jindo, un viaje de cinco horas que normalmente se cobra en 280.000 wones (270 dólares). «Es hora de ayudar a los que están de luto. Renunciar a varios días de trabajo no es nada», dijo el conductor Ahn Dae-soo.
JINDO, Corea del Sur (AP)
















