La inflación en Estados Unidos volvió a acelerarse en septiembre y alcanzó el 3,7 % interanual, impulsada principalmente por el encarecimiento de los combustibles y otros bienes y servicios. El repunte representa un desafío para los consumidores y aumenta la presión sobre la política monetaria del país.
Según el informe publicado este miércoles por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), los precios al consumidor aumentaron un 0,6 % respecto a agosto.
La gasolina registró un incremento anual del 34,2 %, mientras que el índice de energía subió un 20,4 %, en un contexto marcado por las repercusiones económicas de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.
El encarecimiento de los combustibles afecta directamente el presupuesto familiar y los costos de transporte. Además, el aumento del precio del diésel puede elevar los gastos de distribución de mercancías y trasladar nuevas presiones a distintos sectores de la economía.

La gasolina se dispara en Estados Unidos
“El informe del IPC fue claramente elevado y no hay muchas maneras de suavizarlo”, advirtió Adam Crisafulli, analista de Wall Street y director de Vital Knowledge.
Las presiones inflacionarias también se reflejaron en otros rubros. Las tarifas aéreas aumentaron un 22,4 % durante los últimos 12 meses, mientras que los costos de vivienda y los vehículos usados contribuyeron al comportamiento de los precios. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, se situó en el 2,6 % interanual.
El repunte complica las decisiones de la Reserva Federal, que mantiene el objetivo de inflación en el 2 %. Si las presiones sobre los precios persisten, el banco central podría considerar nuevos ajustes en las tasas de interés, lo que encarecería los préstamos para familias y empresas.
Mientras tanto, los consumidores estadounidenses enfrentan mayores gastos cotidianos y una creciente presión sobre sus ingresos, en medio de la incertidumbre económica internacional.

















