La cita fue el viernes 2 de octubre, en la noche, en el Parqueo del Estadio Nacional de Fútbol. Desde ese punto de Managua, una de las grandes bandas del rock latino se presentaba por segunda ocasión en nuestra bella Nicaragua, y lo hizo con todo el ahínco que ha ganado en sus más de 30 años de trayectoria.
Cuando vinieron en 2017, el local era más pequeño y fue un martes. Aun así, el espectáculo fue tremendo y todavía lo tenía guardado en mi memoria como el mejor concierto al que había asistido en la vida. Ahora, varios años después, lo hicieron nuevamente y con todavía mayor fuerza, en unas dos horas de un concierto hermoso, poético, filosófico y de reflexión.
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La gira era “Puertas”, en honor al más reciente disco que lanzaron los uruguayos, los muchachos del ayer, hoy y siempre. Roberto Musso, vocalista, se mantiene intacto en sus ganas de hacer un show. Su despliegue físico así lo demuestra, y su banda lo acompaña en cada momento. Son amigos, son familia, son seres que conectan con las mismas vibras.
Nos topamos con un escenario acompañado de pantallas que proyectaban visuales acordes con la temática de cada canción. Y con ideas tan precisas como las que acostumbra Cuarteto de Nos, el espectáculo visual terminaba siendo parte importante de lo que ocurría sobre el escenario. Cada canción tenía su propio universo y eso hacía que el concierto no solamente se escuchara, sino que también se mirara.

La filosofía y encanto de Cuarteto de Nos
Roberto, además, se encargaba de mantener esa conexión permanente con el público. Alentaba con sus brazos, estrechaba la mano de quienes lograban acercarse e incluso apareció en distintos momentos portando máscaras y la bandera nicaragüense. Todo era parte de un espectáculo en el que la banda no parecía estar simplemente frente a nosotros, sino compartiendo la misma fiesta.
Con el tema de las canciones, nos encontramos con las más icónicas y también varias de las más nuevas, como “Frankenstein Posmo”, que dedicó de manera especial: “Para todos esos Frankensteins posmodernos”, saludando a un público nicaragüense completamente entregado.

Y es que eso fue lo más bello de este concierto de Cuarteto de Nos. Era un abrazo fraterno de una banda que apadrina a un público que en su mayoría es joven. Ver gente joven coreando sin cansancio cada una de las canciones es un fenómeno que hace rato no veíamos en Nicaragua, donde el rock alternativo tiene menos espacio que hace una década.
Sin embargo, este es el camino, esta es la forma de que se den cuenta de que somos muchos los que gustamos de líricas profundas, ingeniosas y reflexivas sobre el paso del tiempo y sobre lo que vamos dejando atrás.

Risa, júbilo y alegría en un concierto único
Con Cuarteto de Nos nos reímos con “Me Amo” o con ese debate de “Contrapunto para Humano y Computadora”; pero también lloramos, y claro que lloramos con la tierna “No Llora”.
Ah, pero claro, esto también es alegría y dinamismo. Por eso brincamos con todo a través de temas como “Maldito Show” o “Invierno del 92”. Y para el cierre, “Yendo a la Casa de Damián” nos dejó a todos sin voz, pero con el alma llena de admiración por una banda que vino a dejar el alma a Nicaragua.
Cuarteto de Nos, aquí tienen una casa y una afición que quedó más que contenta con su recital.
En 2017 pensé que había visto el mejor concierto de mi vida. Ahora, ocho años después, me queda claro que aquella memoria todavía podía ser superada.
En la próxima, seremos todavía más.






















