G7, la caravana del aleluya Por: Fabrizio Casari

Foto: G7 La Caravana del Aleluya, Por: Fabrizio Casari /Cortesía
Foto: G7 La Caravana del Aleluya, Por: Fabrizio Casari /Cortesía

Otro G7 se ha consumado en la sustancial indiferencia general, convirtiendo una cumbre que antes generaba expectativas en un teatrillo de figurantes impotentes, dirigidos desde fuera por los grandes grupos financieros que deciden las políticas económicas a las que los gobiernos occidentales deben ajustarse.

Fundado en 1975 con el objetivo de controlar la homogeneidad de las políticas económicas y el crecimiento de los países occidentales, y formalizado posteriormente en 1986 como grupo intergubernamental, el G7 debería haber sido el foro de coordinación de las políticas económicas mundiales. Sin embargo, no ha sido así, al menos durante las últimas dos décadas.

En un auténtico G7, además, deberían estar China —segunda potencia económica global— y Rusia, la cuarta economía mundial medida por poder adquisitivo.

Si se observan los números, más que el gestor y productor de la mayor cuota de riqueza global, el G7 reúne sobre todo la mayor parte de la deuda, ya que entre sus miembros figuran Estados Unidos, Japón, Francia e Italia, que se encuentran de manera permanente entre los cinco países con mayor endeudamiento del mundo. Por lo tanto, es, fundamentalmente, una reunión de deudores.

Ninguna de las siete economías reunidas en Evian atraviesa un ciclo expansivo. Se mueven entre un crecimiento de apenas algunos décimos y la estanflación, aunque sus agencias de calificación y sus instituciones contables —el FMI y el Banco Mundial—, al unísono, proyectan relatos fantásticos en los que Occidente gana y el resto del mundo pierde, hasta que la realidad termina imponiendo la diferencia entre propaganda y hechos.

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