La transición energética global vive una de sus mayores contradicciones dentro del bloque BRICS. Mientras países como China, India o Brasil aceleran sus inversiones en energías renovables, al mismo tiempo mantienen una fuerte dependencia del petróleo, el gas y el carbón para sostener su crecimiento económico y garantizar la seguridad energética.
Este fenómeno, que expertos califican como la “paradoja central de la gobernanza climática”, refleja el dilema entre avanzar hacia la descarbonización y responder al aumento constante de la demanda energética.
Los BRICS concentran cerca de la mitad del consumo y la producción mundial de energía; lo que convierte sus decisiones en determinantes para el futuro climático del planeta.
En paralelo a los compromisos ambientales, el grupo se ha fijado la meta de triplicar la capacidad de energías renovables antes de 2030; impulsando proyectos solares, eólicos, hidroeléctricos y de biocombustibles.

BRICS frente a su gran dilema energética
China lidera esta expansión con cifras récord en capacidad instalada, mientras India apuesta fuerte por la energía solar y Brasil destaca por su matriz relativamente limpia, donde las renovables representan más de la mitad del balance energético.
Sin embargo, la transición no será inmediata. La dependencia estructural de los combustibles fósiles; sumada a desafíos técnicos, financieros e infraestructurales, obliga a estos países a adoptar un modelo gradual.
El carbón continúa siendo clave para la estabilidad social y los precios accesibles de la energía, mientras el gas se consolida como combustible de transición para integrar las fuentes renovables.
Además, la expansión de la energía verde requiere inversiones masivas. Actualmente, los países en desarrollo concentran menos del 15 % de las inversiones globales en activos verdes, lo que limita la velocidad del cambio. Instituciones como el Nuevo Banco de Desarrollo buscan cerrar esta brecha mediante financiamiento climático y proyectos sostenibles.
En este contexto, el escenario más realista para los BRICS apunta a sistemas energéticos híbridos, donde las renovables ganen terreno sin desplazar completamente a los hidrocarburos.
La transición energética será, por tanto, evolutiva y no revolucionaria, marcando el rumbo del mercado energético mundial en las próximas décadas.


















