Las autoridades chinas han culpado hoy de serias y repetidas violaciones de seguridad a la fábrica donde el fin de semana murieron 75 personas por una explosión.
Yang Dongliang, jefe de la Oficina Nacional de Seguridad Laboral, ha señalado que la planta carecía de los equipos para extraer el polvo altamente inflamable de las instalaciones que exige la normativa. Las primeras investigaciones apuntan a que la explosión se produjo al entrar en contacto las llamas con la alta concentración de polvo.
«El sistema de seguridad y las medidas eran incompletas (…) No había limpieza, así que el polvo se acumulaba durante los diferentes turnos hasta superar los límites», dijo Yang acusando directamente de lo sucedido al propietario de la fábrica, Wu Jitao, un estadounidense de origen taiwanés.
Cinco directivos ya han sido detenidos, ha desvelado el Diario del Pueblo, sin identificarlos.
La fábrica de Zhongrong, situada en la ciudad de Kunshan (provincia de Jiangsu), pertenece a una empresa taiwanesa y se dedica a la fabricación de piezas de automóvil que suministra a gigantes del sector como la estadounidense General Motors.
La explosión se produjo en el taller de pulido de llantas de neumáticos. La fábrica cuenta con 450 trabajadores, según informa su web. La agencia de noticias oficial Xinhua ha publicado durante el fin de semana fotografías de los heridos con quemaduras severas que fueron atendidos por personal sanitario.
La prensa china ha informado que las violaciones de la normativa de seguridad laboral eran numerosas y que la empresa había desoído tozudamente las exigencias de resolverlas. Los trabajadores han revelado que la planta tenía reputación de ofrecer buenos sueldos a cambio de soportar condiciones peligrosas. El accidente se habría evitado con la instalación de sistemas de ventilación adecuados, según la organización China Labor Watch.
El presidente Xi Jinping ha pedido un «castigo duro» para los responsables y ha enviado a un equipo para supervisar las operaciones de rescate y la investigación del incidente. Li Keqiang, primer ministro, anunció en diciembre la intensificación de los esfuerzos en materia de seguridad laboral, uno de los problemas más acuciantes de la fábrica global china.
Muchos empresarios ignoran las regulaciones y sobornan a los supervisores para evitar su cumplimiento. Un incendio en un criadero de pollos en la provincia de Jilin causó 120 muertos en junio. Unos meses antes, la explosión en un gasoducto en la provincia de Shandong había provocado 62 muertos.

















