El vertiginoso crecimiento de la inteligencia artificial (IA) está transformando la manera en que trabajamos y vivimos; pero también está generando un impacto significativo en los recursos energéticos y hídricos a nivel global.
Expertos advierten que; si no se toman medidas, el voraz consumo de energía de esta tecnología podría convertirse en un desafío ambiental considerable. Un reciente informe académico reveló que la generación de un texto de entre 150 y 300 palabras con GPT-3 de OpenAI consume casi 17 mililitros de agua.
“Si se repite la acción 30 veces; el consumo equivale a una botella de agua”, señala Shaolei Ren, profesor de Ingeniería en la Universidad de California-Riverside y responsable del estudio.
Ren también destaca que los centros de datos de grandes empresas tecnológicas utilizan alrededor de 30.000 millones de litros de agua al año; una cantidad comparable al consumo anual de agua de una importante empresa de bebidas.
La expansión de la IA aumenta el consumo de agua y energía

“La IA es actualmente el componente que más rápido crece en el consumo energético de los centros de datos”, afirma Ren, explicando que estos requieren agua tanto para generar electricidad como para refrigerar sus sistemas mediante torres de enfriamiento, un proceso que puede agravar problemas de sequía en regiones áridas.
Ante este panorama, empresas como Microsoft buscan alternativas más sostenibles. La compañía firmó recientemente un acuerdo de 16.000 millones de dólares para utilizar la planta nuclear de Three Mile Island, conocida por ser escenario del peor accidente nuclear comercial de Estados Unidos, con el objetivo de alimentar sus centros de datos de IA a partir de 2027.
Yuval Bachar, fundador y CEO de ECL, reconoce los desafíos que implica esta transición: “Será un reto debido a la normativa y a la resistencia de las comunidades, que no querrán centrales nucleares cerca de sus hogares. Sin embargo, cuando generamos energía con hidrógeno, el subproducto es agua, que utilizamos para refrigerar los centros de datos sin afectar a la comunidad”.
A pesar de las dificultades técnicas y logísticas, Ren asegura que el uso de energías limpias será viable: “Técnicamente será factible. Si podremos implementarlo a gran escala es otra cuestión”. Para garantizar un suministro suficiente de hidrógeno, ECL planea construir una planta de producción en Texas, donde los recursos son más abundantes.
Los especialistas coinciden en que la creciente demanda de IA exigirá una combinación de fuentes de energía verde para satisfacer a los consumidores y, al mismo tiempo, proteger los recursos naturales del planeta. “Es un desafío complejo, pero necesario para equilibrar innovación tecnológica y sostenibilidad”, concluye Bachar.

















