RECORDANDO AL CARDENAL MIGUEL
Francisco J Mayorga
Serían las cinco de la mañana de un día de agosto de 1993 cuando salimos de Managua rumbo a Quilalí para negociar la devolución de veintiún funcionarios de gobierno que José Ángel Talavera (conocido en el Frente Norte 380 como “El Chacal”) tenía como rehenes en Caulatú. Yo iba con el Cardenal Miguel en su camioneta. Atrás, en un segundo vehículo, acompañaban al Cardenal los monseñores Eddy Montenegro y Bismarck Carballo.
Fue la primera vez que conversé largamente con él mientras recorríamos el largo trayecto entre Managua y Sébaco. Como yo había viajado dos días atrás a negociar la liberación de otros veintiún rehenes, él perspicazmente me interrogó sobre la situación, la personalidad de Talavera y de su hermano Salvador, y detalles específicos sobre los rehenes que ya había tenido oportunidad de ver. Fue muy metódico; era evidente su experiencia en situaciones similares.
Él ya había logrado resolver el secuestro de la casa de Chema Castillo en diciembre de 1974, y el de agosto de 1978, cuando un pelotón de guerrilleros sandinistas bajo la conducción de Edén Pastora secuestró a todos los diputados en el Palacio Nacional, en una gesta singular que asombró al mundo.
En Sébaco paramos a recoger al entonces monseñor Leopoldo Brenes, obispo de Matagalpa y hoy nuestro Cardenal de Nicaragua. Luego igual en Estelí, para buscar a Juan Abelardo Mata, obispo de Estelí. Durante el largo y riesgoso viaje pude realmente conocer al maestro y sus discípulos. Polito era humilde y manso de corazón, pero profundo y sagaz en sus reflexiones. Juan Abelardo, intenso y apasionado, con el fuego de Pablo en su voz.

















