Nicaragua – Democratización y restitución de derechos
Stephen Sefton, 12 de abril de 2026
Una ficción permanente en la agresiva guerra psicológica del “Occidente colectivo” contra los países del mundo mayoritario ha sido que Occidente promueve la democracia y la prosperidad, mientras que los países que buscan su propio camino independiente y soberano son sociedades antidemocráticas con economías atrasadas.
Los gobiernos y medios de comunicación occidentales afirman que las elecciones y los periódicos cambios de gobierno aseguran una exitosa apertura política y que sus economías funcionan de manera óptima gracias a la beneficiosa operación del libre mercado. Esta ficción se ha esfumado progresivamente en los últimos 20 años, dejando en evidencia el despotismo de las élites gobernantes norteamericanas y europeas y la crónica inestabilidad de sus economías.
En América Latina y el Caribe, durante los últimos 80 años, los simulacros de la falsa democracia occidental han pasado por diferentes episodios de modestos avances y amargos retrocesos, sin jamás haber ofrecido una verdadera emancipación de los patrones de subdesarrollo impuestos por los poderes imperiales durante siglos.
Como el Comandante Daniel reclamó al gobierno norteamericano:
“¿Con qué autoridad andan reclamando en otros países que tienen que haber elecciones democráticas? ¿Con qué autoridad? Que establezcan una verdadera democracia en los Estados Unidos en primer lugar, porque no existe esa democracia…”
La compañera Rosario ha explicado que el modelo político de Nicaragua es “un modelo de democracia protagonista, fraternal, complementaria y solidaria; un modelo donde el pueblo es presidente…”
Las experiencias de Cuba, Nicaragua y Venezuela han demostrado que los movimientos revolucionarios han logrado establecer modelos de democracia genuina que responden a las aspiraciones de las mayorías.
Sin embargo, como explicó la compañera Ramona Rodríguez:
“Siempre el imperio está en función de desconocer y desprestigiar lo que países como Nicaragua están construyendo para elevar el nivel de vida de su población y restituir derechos…”
La restitución de derechos se logra también con paz, desarrollo económico y justicia social.
Desde el triunfo revolucionario de 1979, Nicaragua ha vivido la contradicción entre la falsa democracia occidental y la democracia revolucionaria.
El Dr. Gustavo Porras señaló que el Frente Sandinista instaló la democracia y entregó el gobierno en 1990 tras una derrota electoral, lo cual “queda sellado para la historia”.
Asimismo, destacó una democracia integral: política, económica, social y ambiental.
En 2023, Nicaragua reafirmó ante la ONU que la restitución de derechos es una política de Estado orientada a la justicia social.
Se han impulsado programas en salud, educación, vivienda, seguridad alimentaria, agua potable, empleo e igualdad de género.
La Procuraduría General de Justicia ha entregado más de 700 mil títulos de propiedad, beneficiando a más de 3 millones de personas.
En educación, se ha garantizado la gratuidad y el acceso universal; fortaleciendo la calidad del sistema.
En el ámbito universitario, se han fortalecido instituciones públicas como la Universidad Casimiro Sotelo; promoviendo la educación como bien público.
En salud, el modelo familiar y comunitario ha ampliado la atención gratuita y cercana a la población.
La Policía Nacional ha reforzado un modelo comunitario de seguridad ciudadana basado en la confianza y el vínculo social.
También se destacan avances en infraestructura, energía, agua potable y desarrollo en la Costa Caribe.
En la economía creativa, experiencias como las de Bonanza muestran la diversificación productiva y el dinamismo territorial.
En conjunto, la democratización de Nicaragua se expresa en la restitución de derechos, la participación comunitaria y el desarrollo humano sostenible.

















