La formación artística dejó de ser un privilegio para unos pocos y comenzó a llegar a más sectores de la población. Esta es la historia de Mario Díaz y Gabriela Jarquín, dos artistas de las Casas de Arte y Cultura de Nicaragua.
«Mi nombre es Mario Díaz, soy compositor y cantautor nicaragüense, tengo la edad de 20 años. En mí, lo musical ha estado desde pequeño. Yo pienso que cuando a una persona le gusta bastante la música se le nota desde el primer momento en que uno nace, porque a mí me han contado que cuando estaba en el vientre de mi mamá, ella me cantaba canciones de cuna»
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«Antes, de pequeño, yo nunca me miraba como músico, yo me miraba más como un bailarín. Yo me acuerdo que bailaba en todas las fiestas, pero no en Navidad. Mi mamá dijo que si me gustaba la música y que me iba a regalar una guitarra»
Me acuerdo que esa Navidad lo primero que hice fue ver mi regalo. Miré una caja, nunca pensé que era una guitarra. Yo pensé: «Puede ser un burro para planchar o será un regalo para mi abuela». Pero cuando lo voy abriendo y veo que es una guitarra, me pongo a llorar porque en ese momento tal vez no dimensionaba que me gustaba tanto la música. Pero a los días, en Navidad, como había comentado, una prima me enseñó a tocar las primeras notas y ahí fue cuando me enamoré. Me di cuenta de lo maravilloso que era poder transmitir las ideas, lo que uno siente, a través de la música», comentó Díaz.

Pasión y crecimiento a través de las Casas de Cultura
Hoy, Nicaragua vive una nueva etapa donde se encuentran materializadas las aspiraciones y sueños de niños, niñas y jóvenes dentro de estos espacios de aprendizaje, que permiten mejorar técnicas, potenciar talentos y vivir experiencias únicas dentro del mundo del arte y la cultura.
«A través del Movimiento Universitario UNEN, pude visitar las Casas de Cultura Oto de la Rocha, Camilo Zapata. También estuve en varios institutos nacionales tecnológicos, en donde, gracias a ello, conocí que habían estos cursos de composición básica, de apreciación musical o los cursos de técnica básica de canto, técnica básica de guitarra, y entonces lo fui conociendo y me fui interesando».
«De hecho, este instituto y estas Casas de Cultura son lugares donde hay profesores de muy alta calidad. A mí me sorprende porque son clases totalmente gratis con profesionales que muchas veces yo me acuerdo que andaba buscando dónde poder aprender a tocar guitarra, dónde poder aprender a cantar, y decía que era imposible porque yo no tenía los recursos».
«Entonces, apenas me di cuenta de las Casas de Arte, ese mismo día me fui a matricular y dije: «¿Cómo se hace?» Solo tenía que buscar una fotocopia de mi cédula, mis notas de quinto año, y ahí matriculé en el primer curso que pude».

Historias de talento y superación
Otra historia de superación es la de Gabriela Jarquín, una artista nicaragüense de la Casa de Cultura Oto de la Rocha.
«Siempre he querido darle a los jóvenes, tanto menores como de mi edad, la fortaleza de que pueden llegar a una cima, pueden llegar a ser grandes músicos y desarrollar todo su talento. Es muy importante que nosotros los jóvenes nicaragüenses desarrollemos lo que nos apasiona, los valores, el compromiso, el trabajo en equipo y, sobre todo, la confianza en nosotros mismos»; comentó Jarquín.
Actualmente, nuestra nación cuenta con más de 200 Casas de Cultura y Creatividad, donde las personas de todas las edades pueden desarrollarse en los cursos que inspiran a continuar con sus carreras artísticas e impulsarlos a grandes escenarios.


















