Cris Regatero sigue revelando las emociones más profundas de sus invitados en el vídeo podcast Cara C. En su nuevo episodio, recibe a Elena Rose, cantante y compositora venezolana afincada en Miami, cuya vida nómada ha marcado su música y su mirada artística. La charla promete adentrarse en su universo creativo y espiritual.
Antes de iniciar la conversación, Elena pidió permiso para rezar, un gesto que se ha vuelto habitual y que llena el espacio de misticismo. La artista explicó el significado de sus alas tatuadas en la espalda: un símbolo de libertad y transformación. “Cuando soy libre, siento que puedo volar”, confesó mientras relataba el proceso de tres días que implicó plasmar su visión en tinta.
Elena Rose creció en un entorno espiritual. Su madre, reconocida maestra de Reiki y metafísica, inspiró en ella un profundo sentido de entrega y conexión. Incluso recuerda dificultades en la escuela cuando intentaba compartir estas enseñanzas con sus compañeras. Esta transparencia se refleja en su música, donde su desnudez emocional se convierte en un puente con su público.
La artista asegura que la libertad y el amor son motores de su creación. También reconoce que la sexualidad ocupa un lugar importante en su música. “Me encanta cómo las mujeres exploran su sexualidad sin culpa. Mi música refleja eso: disfrute, placer y autenticidad”, explicó, abordando temas desde el amor propio hasta las relaciones sentimentales.

Cara C explora la intimidad de Elena Rose
Además de hablar de su vida y filosofía, Elena recordó a su perro Zeus, fallecido recientemente, y su infancia en Puerto Rico, donde escuchaba y bailaba reguetón escondida con sus amigas. También repasó su carrera como compositora, habiendo trabajado con Bad Bunny, Daddy Yankee, Shakira, Jennifer Lopez, Becky G y Nathy Peluso, entre otros, y ganado un Grammy con Alejandro Sanz por Palmeras en el jardín.
Elena destacó la importancia de las conexiones personales en la música. Comentó sobre sus amistades con David Bisbal, Ed Sheeran y Spread Lof, así como el impacto de su comunidad venezolana en su trayectoria. Su primer disco, Bendito verano, refleja esta etapa de autoaceptación y crecimiento.
Finalmente, la cantante compartió su visión sobre el futuro de la música: “Lo veo con ojos de amor. Los artistas evolucionan abrazando su esencia, creando desde la vibración y el corazón. Eso nos recuerda por qué hacemos música: para conectar y transformar”.


















