La transformación de Daniel Stern: del ladrón de “Mi pobre angelito” a una vida lejos de las cámaras

Foto: Daniel Stern cambió la fama y las alfombras rojas por un rancho en California/Cortesía
Foto: Daniel Stern cambió la fama y las alfombras rojas por un rancho en California/Cortesía

A 35 años del estreno de Mi pobre angelito, Daniel Stern sigue siendo un rostro inolvidable del cine navideño. Su interpretación de Marv, uno de los torpes y carismáticos ladrones que intentan asaltar la casa de Kevin McCallister, marcó a generaciones y convirtió al actor en una figura reconocida a nivel mundial.

Sin embargo, lejos de aferrarse a la fama, Stern eligió un camino completamente distinto: hoy, a sus 68 años, vive apartado de Hollywood, rodeado de naturaleza, arte y tranquilidad.

Estrenada en 1990 y protagonizada por Macaulay Culkin bajo el guion de John Hughes, la película se consolidó como un clásico que resurge cada diciembre. Las caídas, golpes y gestos exagerados de Stern aportaron una cuota clave de humor físico, inmortalizando escenas que aún hoy siguen vigentes en la memoria colectiva.

El éxito fue inmediato y proyectó al actor a un estatus de celebridad internacional que, con el paso del tiempo, aprendió a manejar… y luego a dejar atrás. Actualmente, Daniel Stern reside en un rancho en Ventura, California, muy lejos del bullicio mediático y las alfombras rojas.

Daniel Stern cambió la fama y las alfombras rojas por un rancho en California

Foto: Daniel Stern cambió la fama y las alfombras rojas por un rancho en California/Cortesía
Foto: Daniel Stern cambió la fama y las alfombras rojas por un rancho en California/Cortesía

Su apariencia también refleja ese cambio de vida: cabello blanco, barba larga y una actitud serena que contrasta con el villano cómico de los años noventa. El propio actor ha sido claro sobre su decisión de mantenerse alejado de los eventos públicos.

“No salgo de mi granja”, afirmó en diálogo con PEOPLE, dejando en claro su preferencia por una vida sencilla y reservada. Tras participar en otras producciones y explorar la dirección en proyectos como Whip It, Stern decidió tomar distancia de la industria cinematográfica.

Según explicó en su sitio web, los constantes viajes y las ausencias familiares pesaron más que la fama. “Extrañaba a mi familia cuando estaba lejos. Decidí quedarme en casa y centrarme en otras pasiones”, señaló. Ese giro le permitió, según sus propias palabras, construir “una vida familiar maravillosa”.

Una de esas nuevas pasiones es el arte. Desde hace más de dos décadas, Stern desarrolló una carrera como escultor y artista visual, con obras exhibidas en distintos puntos de California.

En redes sociales como Instagram y TikTok, donde suma cientos de miles de seguidores, comparte procesos creativos y reflexiones. “Antes hacía magia cinematográfica, ahora hago arte”, escribe en su perfil. Para el actor, cada escultura funciona como un fotograma: un instante detenido que busca generar emoción e interacción.

La vida en su rancho también incluye el cultivo de mandarinas, actividad que comparte junto a su esposa, Laure Mattos. Los videos de la cosecha se han vuelto virales y muestran una faceta cercana y cotidiana que conecta con el público digital. Además, Stern colabora con organizaciones como Boys & Girls Clubs of America, reforzando su compromiso social.

Aunque agradece el impacto de Mi pobre angelito, Stern mantiene una relación nostálgica pero distante con la película. En el 35° aniversario del filme, evitó homenajes presenciales y optó por participar solo a distancia. Cada diciembre, su personaje vuelve a las pantallas del mundo, mientras él permanece en su granja, entre esculturas y mandarinas, demostrando que es posible transformar la fama en una vida auténtica, creativa y en calma.