En el barrio San Agustín de Chinandega no se despide el año a la carrera: aquí al Viejo de Pólvora primero lo velan, le rezan… y hasta le dan sopa. Un año más; la familia López Tejeda volvió a sacar sonrisas y emoción al mantener viva una tradición que ya es esperada por vecinos y curiosos.
“Ayer, 29 de diciembre, estaba grave, en cama, con suero, prácticamente en agonía; hoy, 30, murió y aquí estamos velándolo”, contó entre risas una de las fundadoras de esta singular costumbre. Como manda el “protocolo fúnebre”, le pusieron respaldo; alquilaron sillas y repartieron sopa de frijoles a todo el que llegaba a darle el último adiós al famoso meco.
La escena es digna de crónica alegre: vecinos llegando, comentarios picarescos, risas compartidas y el aroma de la sopa calentando el ambiente, mientras el “difunto” espera su destino final. Y es que el velorio no es el final; sino la antesala de la gran despedida: la quema del Viejo el 31 de diciembre.
Con esta tradición, la familia López Tejeda busca algo más que diversión: convertir en cenizas todo lo malo del año que termina, penas, errores, malas rachas; y abrirle la puerta a pensamientos positivos y nuevas esperanzas para el año que inicia.

Chinandega celebra tradición del Año Viejo con humor, comunidad y sabor
La quema del Año Viejo es una costumbre profundamente arraigada en muchos países de Latinoamérica, donde el fuego simboliza limpieza, renovación y un nuevo comienzo. En Chinandega, además, se le agrega el ingrediente especial: humor; comunidad y alegría compartida.
Mientras tanto, en esta casa del barrio San Agustín, el Viejo sigue siendo velado, acompañado por vecinos, risas y platos de sopa, demostrando que en esta tierra hasta despedir el año se hace con corazón; tradición… y buen ánimo.



















