En el barrio indígena de Monimbó, donde el aroma a miel, azúcar y cacao anuncia la cercanía de las festividades marianas, la Dulcería Daliana vive su temporada más intensa del año. Su propietario, Juan José Pascua, explica que cada noviembre y diciembre el taller se llena de movimiento, creatividad y trabajo, respondiendo a los numerosos encargos que llegan desde instituciones, alcaldías y familias de distintos puntos del país.
“Estamos ubicados de las cuatro esquinas de Monimbó, una cuadra al este y media al sur. Ya estamos a las puertas de otra celebración mariana y gracias a Dios tenemos bastantes pedidos”; asegura Pascua, mientras detrás de él su equipo mantiene encendidos los fogones.
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El auge de la producción artesanal
Durante estos meses la oferta se vuelve más amplia y diversa: churrito dulce, caramelo de maní, coyolitos, cajeta de coco y de cacao, flor rellena, flor de cacao, flor multicolor, leche burra, paleta rallada, caramelo de coco y una gran variedad de frituras como almohaditas, enchiladitas, chocí, yuquita y platanito. Todo hecho a mano, lejos de los métodos industriales que han ganado terreno, pero que no logran reemplazar el valor del trabajo artesanal.
“Lo artesanal tiene una gran diferencia con lo industrial. Aquí todo sale de las manos, de la experiencia, del conocimiento que se pasa de generación en generación”; destaca el propietario.

Formación de jóvenes y relevo generacional en Monimbó
La dulcería también se ha convertido en un espacio de formación. Pascua recuerda con orgullo que hace dos años capacitaron a 25 jóvenes provenientes de universidades y bachilleratos.
“Me gusta apoyar a los muchachos. Muchos vienen para ganarse lo de sus útiles del próximo año, otros porque quieren aprender el oficio. Jóvenes que llegan sin saber nada, en menos de un mes ya encoyolan, hacen churros y caramelos. Son manos creativas, y es importante que esta tradición no se pierda”; comenta.
Calidad que distingue a Monimbó
Para quienes conocen los productos de Dulcería Daliana, su sabor y textura son parte de la identidad. El dueño explica que cada dulce tiene su propio proceso y que la calidad empieza desde los ingredientes.
“En nuestros churritos, por ejemplo, manejamos temperaturas de 70 u 80 grados para lograr ese tostado especial que se mantiene incluso un mes después. Cada taller tiene su manera de trabajar, pero nosotros siempre cuidamos la calidad”; afirma.

El reconocimiento también ha crecido gracias a la difusión en plataformas digitales. Medios de comunicación han llevado la dulcería a nuevas audiencias, generando pedidos desde Jinotega, Madriz, Somoto y Peña Blanca.
“Nos sentimos agradecidos. La gente de todo el país consume lo nuestro, lo tradicional. Y eso nos motiva a seguir produciendo con amor y dedicación”; expresa este artesano.
Un símbolo de identidad en la ciudad creativa
Masaya, conocida como la Ciudad Creativa, encuentra en Dulcería Daliana un espacio donde la tradición dulcera no solo se conserva, sino que se fortalece. Para su propietario, el valor del dulce nicaragüense está en sus raíces culturales y en el esfuerzo humano detrás de cada preparación.
“Somos tradicionalistas del dulce. Nunca imaginamos llegar a ser tan creativos y tan reconocidos. Pero aquí estamos, trabajando fuerte para que esta tradición continúe viva”, concluye.



















