El Parque Recreativo San José de la Vega fue construido por el gobierno del presidente Juan Orlando Hernández en una barriada de clase media baja al suroeste de la capital, en el corazón de un territorio dominado por la Mara 18, una de las pandillas más temidas en Honduras.
Bajo vigilancia de militares con fusiles, cientos de bulliciosos niños juegan en el parque, donde corren, gritan y ríen, se suben a los columpios o se deslizan por los toboganes como otros niños en otros parques del mundo, pero este en particular está amurallado con un cerco de concreto y barrotes de hierro. La 18, la Mara Salvatrucha (MS-13) y otras de reciente creación como «El combo que no se deja» y «Los Chirizos», flagelan a pobladores de áreas marginales de ciudades hondureñas.
«Se van a construir 20 parques en diferentes zonas de Honduras», afirmó a la AFP Mariel Rivas, presidenta de la Fundación Convive, organizada por el gobierno de Hernández dentro de los planes de prevención de la violencia. «A fines de febrero se va a inaugurar el parque de Chamelecón», añadió, en referencia a una colonia de San Pedro Sula, la segunda ciudad del país, situada a 240 km al norte de la capital, donde las pandillas han mantenido el control.
El parque de San José de la Vega, que tiene senderos para bicicletas, una rampa de patinaje, dos canchas de básquet y fútbol rápido y máquinas de hacer ejercicio para adultos, entre otras atracciones, se extiende en una hectárea con zonas verdes adornadas por elevadas palmeras y florecidos árboles de mango. Más de 500 niños ingresan diariamente a las instalaciones. Los que van saliendo son relevados por otros que esperan frente al portón, organizados en largas filas.

Tegucigalpa, Honduras | AFP
















