El Papa Francisco escogió el cementerio más importante de Roma para celebrar la misa de la solemnidad de Todos los Santos. En una sentida homilía, el Santo Padre ha hablado de tres imágenes que le han sugerido las lecturas de la jornada, -del Apocalipsis y las Bienaventuranzas del Evangelio de San Juan-: la devastación, las víctimas de la misma y Dios.
«Somos capaces de destruir la Creación, destruir la vida, destruir las culturas, destruir los valores, destruir la esperanza…», ha exclamado Francisco en el camposanto del Verano. Sólo con la fuerza de Dios los hombres podrán «parar esta loca carrera de destrucción» en la que está inmerso porque se «ha apoderado de todo y se cree Dios», ha apostillado el Pontífice.
En esa macabra carrera, el Papa ha señalado las guerras como la principal «industria de la destrucción». Pero son también «un estilo de vida», ha dicho, que hace que «cuando las cosas no se pueden arreglar, se tiren». Francisco ha repetido una de sus denuncias más frecuentes, la de la «cultura del descarte»: se descarta a los niños, a los ancianos y a los jóvenes sin trabajo.
















