Sicarios aliados con policías confesaron haber matado a 17 de los 43 estudiantes desaparecidos hace una semana en el sur de México, que podrían estar entre los 28 cuerpos hallados en fosas clandestinas, algo que sus familiares se niegan a creer.
Familiares y compañeros de los estudiantes convocaron este lunes a los medios para dar a conocer su postura sobre la investigación que realiza el gobierno regional de Guerrero (sur), del que desconfían y responsabilizan de que ocurriera la tragedia el 26 de septiembre.
La tarde del domingo el fiscal de Guerrero, Iñaky Blanco, dijo a la prensa que dos presuntos sicarios del cártel local Guerreros Unidos, que están entre la treintena de detenidos por este caso, han confesado su participación en el asesinato de 17 de los 43 estudiantes desaparecidos, en alianza con la policía local.
Según su confesión, los dos pistoleros hicieron descender a tiros a los estudiantes del autobús y se llevaron a 17 de ellos hasta un cerro de la comunidad de Pueblo Viejo (Iguala) «donde tienen fosas clandestinas y donde indican que los ultimaron», señaló Blanco.
Los detenidos aseguraron que la orden de acudir al lugar donde estaban los estudiantes se la dio el director de Seguridad Pública de Iguala, Francisco Salgado, y que la de capturarlos y asesinarlos fue de un criminal del que solo se conoce el apodo de ‘El Chucky’, que sería un cabecilla de los Guerreros Unidos según el fiscal, que sigue sin apuntar posibles móviles del crimen.
Tanto el director de Seguridad Pública como el alcalde están prófugos desde las balaceras en Iguala, situado a unos 200 km de Ciudad de México.
A raíz de declaraciones de los detenidos, el sábado fueron encontradas las fosas clandestinas en un área montañosa ubicada a 2 km de cualquier camino y cercana a la comunidad de Pueblo Viejo, de donde se han extraído 28 cuerpos.
IGUALA, (AFP)

















