Gases tóxicos y cenizas expulsadas por el monte Ontake, que seguía en erupción el lunes, obligaron a los rescatistas a suspender las operaciones de búsqueda de más víctimas, mientras decenas de personas esperaban noticias sobre sus familiares.
Los equipos de rescate hallaron cinco cadáveres más cerca de la cumbre del volcán, lo que elevó a 36 la cifra de víctimas mortales. Los socorristas sólo han recuperado 12 cadáveres de lo alto de la montaña desde el inicio de la erupción el sábado, debido a las condiciones peligrosas.
Aún no se sabe con precisión cómo murieron las víctimas, aunque los expertos dicen que probablemente fue por inhalar gases tóxicos, sofocados por la ceniza, por el impacto de rocas que caían o alguna combinación de estos factores. Algunos de los cadáveres tenían contusiones graves.
Los sobrevivientes dijeron a la prensa de Japón que fueron golpeados por rocas de la erupción. Un hombre dijo que se refugió con otros en el sótano de una posada situada en la cumbre por temor a que las rocas atravesarán el techo.
La erupción tomó a los sismólogos por sorpresa. Aunque se había registrado algo de actividad sísmica las últimas dos semanas, no había indicios de una erupción mayor, dijo Satoshi Deguchi, un funcionario de la Agencia Meteorológica de Japón. Las señales típicas, como movimiento estructural subterráneo, no fueron detectadas. Los rescatistas informaron de un fuerte olor de azufre por la mañana.
La erupción se produjo quizá en el peor momento posible, poco antes del mediodía y con al menos 250 personas aprovechando un hermoso sábado de otoño para hacer senderismo. La erupción expulsó grandes nubes de gases y ceniza, ocultó el cielo del mediodía y cubrió la zona circundante en ceniza.

KISO, Japón (AP)
















