Pekín abrió este mes un museo dedicado al pato laqueado a la pekinesa en el que revela en sus 1.000 m2 de exposición informaciones y anécdotas sobre el plato más conocido de la cocina china.
El museo, el primero de este tipo, se ha inaugurado para conmemorar el 150º aniversario del restaurante Quanjude, que ocupa ahora un edificio de siete plantas y dispone de franquicias que llegan hasta Australia. El museo, en la séptima planta del edificio, convierte al palmípedo en una verdadera institución culinaria, con estatuas, fotografías de conocidos políticos cenando -como Richard Nixon y Henry Kissinger- y menús de 100 años de antigüedad.
Aunque no revela ningún ingrediente secreto, una veintena de pequeñas esculturas ilustran el viaje del pato hasta el plato. Primero se sacrifica cuando pesa 3 kilos y lo inflan con aire bajo la piel para separarla de la grasa. Luego se destripa y se rellena con agua hirviendo para facilitar la absorción de un jarabe dulce antes de secar la carne y asarla durante unos 50 minutos.
Un pato entero con su acompañamiento cuesta unos 288 yuanes (35 euros o 46 dólares). Entre los datos que aporta la exposición está el impresionante balance gastronómico de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, cuando se sirvieron unos 13.000 patos laqueados a los atletas.

PEKÍN, (AFP)
















