Algunas de las víctimas del avión malasio derribado sobre Ucrania regresaron por fin el miércoles a suelo holandés en 40 ataúdes de madera, los cuales fueron cargados solemnemente en igual número de carrozas fúnebres mientras las banderas ondeaban a media asta.
Aunque los cuerpos aún no han sido identificados, los cadáveres que llegaron a Eindhoven fueron recibidos por un país sacudido por la pérdida de tantas personas a causa de una guerra lejana.
Chicos que iban a visitar a sus abuelos, un sobrecargo con prisa para llegar a su casa, un guardia de un club nocturno que visitaría a su novia están entre las 298 víctimas del vuelo M17, cuyo derribo la semana pasada intensificó la molestia contra los rebeldes pro rusos sospechosos de provocar la caída del avión.
Un Hércules C-130 holandés con 16 ataúdes arribó seguido de un C-17 Globemaster australiano con otros 24, informó el vocero del gobierno holandés Lodewijk Hekking.
Los dos aviones, que partieron de Ucrania al mediodía, fueron recibidos en la base aérea de Eindhoven por el rey Guillermo Alejandro, la reina Máxima, el primer ministro Mark Rutte y otras autoridades. Cientos de familiares también estaban presentes, dijo el vocero Hekking.
En un día de duelo nacional las banderas ondearon a media asta en los edificios del gobierno holandés y en las casas de este país de 17 millones de habitantes.
Las campanas doblaron en las iglesias de todo Holanda mientras los aviones rodaban por la pista. El rey Guillermo Alejandro tomó la mano de su esposa la reina Máxima mientras veían cómo los ataúdes eran llevados de los aviones a las carrozas.
Cuando el último ataúd entró a la carroza correspondiente surgió un breve aplauso.

EINDHOVEN, Holanda (AP)

















