Desde el amanecer, La Habana, Cuba, fue escenario de una multitudinaria manifestación de respeto y memoria. Miles de cubanos salieron a las calles para honrar a los 32 combatientes que perdieron la vida al enfrentar la agresión de Estados Unidos el pasado 3 de enero; cuando cumplían la misión de impedir el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y de la primera combatiente Cilia Flores, en una acción que comprometía la seguridad regional y los principios defendidos por Cuba.
En horas de la madrugada, el avión que trasladaba los restos mortales desde Caracas tocó tierra en el Aeropuerto Internacional José Martí, principal terminal aérea de Cuba.
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Allí tuvo lugar el primer homenaje póstumo, acompañado de honores militares y presidido por el General de Ejército Raúl Castro Ruz y el presidente Miguel Díaz-Canel, máximos dirigentes de Cuba; junto a altos mandos políticos y militares.
Durante la ceremonia, el ministro del Interior, general Lázaro Alberto Álvarez, afirmó que los caídos regresaban “con la bandera en alto”; convertidos en símbolo de fortaleza y compromiso revolucionario.

Héroes de Cuba
En sus palabras, destacó que, aunque el imperialismo presuma de armamento sofisticado y supremacía militar; jamás podrá comprar la dignidad, la resistencia ni la voluntad soberana del pueblo de Cuba.
Más tarde, los restos fueron conducidos hasta la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba. El recorrido estuvo acompañado por una multitud emocionada que se concentró a lo largo de la avenida Rancho Boyeros, arteria principal de La Habana, para rendir un último tributo popular.

En ese lugar, los féretros permanecerán expuestos entre las 10:00 y las 18:00 horas, permitiendo que el pueblo de Cuba pueda despedirse y rendir honores.
Las autoridades subrayaron que estos combatientes caídos defendieron no solo la soberanía de Venezuela, sino también la de Cuba y la de América Latina; reafirmando su lealtad histórica a los ideales de Hugo Chávez y Fidel Castro Ruz.

Finalmente, Cuba calificó el ataque estadounidense como un acto criminal de agresión y terrorismo de Estado; denunciando que las muertes ocurrieron en combate directo y durante bombardeos ejecutados por fuerzas norteamericanas.

















