La ansiedad es una reacción natural ante situaciones difíciles o momentos de incertidumbre. Sin embargo, cuando se vuelve intensa, persistente y comienza a interferir en la vida cotidiana, puede ser una señal de un problema de salud que requiere atención. Así lo explicó a RT el psicoterapeuta Evgueni Kulgavchuk, quien detalló cómo distinguir la ansiedad normal de aquella que puede convertirse en un trastorno.
Según el especialista, la ansiedad saludable aparece ante una amenaza real o un acontecimiento importante, es proporcional a la situación y desaparece cuando esta termina. Sentir nervios antes de un examen, por ejemplo, es habitual. En cambio, experimentar un miedo intenso ante actividades cotidianas o preocuparse constantemente sin una causa clara puede ser motivo de preocupación.
La ansiedad patológica puede paralizar a una persona y llevarla a imaginar constantemente los peores escenarios. Entre las señales de alerta destacan los ataques de pánico, los problemas persistentes de sueño, los cambios en el apetito, los dolores de cabeza o estómago relacionados con el nerviosismo y la sensación de tener un nudo en la garganta. También pueden aparecer pensamientos obsesivos, desesperanza y sensaciones de desrealización o despersonalización.
El especialista recordó que la ansiedad no siempre constituye un problema aislado. También puede estar relacionada con alteraciones hormonales o de la tiroides, enfermedades cardiovasculares, trastornos neurológicos y afecciones psicológicas, como la depresión, el trastorno obsesivo-compulsivo y el estrés postraumático. Asimismo, el consumo excesivo de cafeína, alcohol, ciertos medicamentos y otras drogas puede desencadenar o intensificar sus síntomas.

¿Qué hacer para controlar la ansiedad?
Cuando aparece ocasionalmente y está vinculada a situaciones concretas, algunas medidas pueden ayudar a controlarla. Entre ellas figuran los ejercicios de respiración, la actividad física, la organización de las tareas, mantener horarios regulares de sueño y reducir el consumo de cafeína.
No obstante, Kulgavchuk recomienda buscar ayuda profesional si la ansiedad persiste durante dos a cuatro semanas, afecta el trabajo, las relaciones personales, el descanso o la alimentación, o se acompaña de ataques de pánico y pensamientos obsesivos.
Reconocer estas señales permite actuar a tiempo. Si los síntomas son intensos, empeoran o aparecen de forma repentina, conviene consultar a un profesional sanitario para identificar sus posibles causas y recibir orientación adecuada.

















