Un estudio internacional identificó una relación entre las inmunodeficiencias humorales, que afectan la producción de anticuerpos, y una mayor frecuencia de recaídas o reinfecciones por bacterias del género Campylobacter.
La investigación, publicada en la revista científica Open Forum Infectious Diseases, analizó 261 episodios de infecciones sanguíneas por Campylobacter registrados entre 2009 y 2024 en 27 hospitales de España, Italia, Francia, Reino Unido y Brasil.
Del total de casos, 172 correspondieron a personas con algún tipo de inmunodeficiencia. Dentro de este grupo, 104 presentaban alteraciones de tipo humoral, relacionadas con la producción o función de los anticuerpos.
Los investigadores registraron 21 episodios de recaída o reinfección, equivalentes al 8 % del total. De ellos, 19 ocurrieron en pacientes con inmunodeficiencia humoral, lo que representa el 90,5 % de todas las recurrencias identificadas. Además, 11 de estos pacientes tenían inmunodeficiencias primarias.

Campylobacter preocupa por su resistencia
El análisis también mostró una preocupación creciente por la resistencia antimicrobiana. Campylobacter coli ganó presencia durante el periodo estudiado y fue especialmente frecuente entre pacientes con inmunodeficiencia humoral.
En esta especie, la resistencia a la ciprofloxacina superó el 90 %, mientras que más de la mitad de las cepas analizadas presentaron resistencia a la azitromicina.
Aunque las infecciones por Campylobacter suelen asociarse con cuadros gastrointestinales, la bacteria puede llegar al torrente sanguíneo y provocar bacteriemia, principalmente en personas con defensas comprometidas.

La mortalidad por cualquier causa a los 30 días fue del 9,9 % en el conjunto de pacientes. Sin embargo, los autores destacan que la recurrencia constituye uno de los principales desafíos en las personas con inmunodeficiencia humoral.
Los investigadores consideran necesario realizar nuevos estudios para comprender los mecanismos que favorecen las recaídas y establecer estrategias que permitan determinar la duración adecuada del tratamiento antibiótico.


















