A 25 años del 11-S, el miedo al islam continúa ligado al discurso de guerra de EE.UU.

Foto: 11-S: 25 años de miedo y guerra/Cortesía

A 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el impacto de aquella jornada continúa proyectándose sobre la política exterior y el debate social de Estados Unidos. El ataque que dejó casi 3.000 víctimas también desencadenó profundas transformaciones en materia de seguridad, estrategia militar y relaciones internacionales, al tiempo que favoreció una expansión de la islamofobia dentro y fuera del territorio estadounidense.

El 11-S marcó un punto de inflexión después de que integrantes de Al Qaeda secuestraran cuatro aviones comerciales. Dos de las aeronaves fueron utilizadas para atacar las Torres Gemelas del World Trade Center, otra impactó contra el Pentágono y una cuarta cayó en una zona rural de Pensilvania luego de que pasajeros intentaran recuperar el control.

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Tras los atentados, Washington impulsó la denominada “guerra contra el terrorismo”, que desembocó en intervenciones militares de gran alcance. Afganistán fue invadido y ocupado durante dos décadas, mientras que posteriormente Estados Unidos encabezó la invasión de Irak bajo el argumento de la existencia de armas de destrucción masiva que finalmente no fueron encontradas.

El prolongado ciclo bélico dejó un elevado costo humano. De acuerdo con las estimaciones citadas en el material, las guerras encabezadas por Estados Unidos desde 2001 provocaron aproximadamente 940.000 muertes directas en distintos escenarios de conflicto, mientras que las muertes indirectas vinculadas con las consecuencias de las guerras alcanzarían varios millones.

11-S: 25 años de miedo y guerra

Foto: 11-S: 25 años de miedo y guerra/Cortesía
Foto: 11-S: 25 años de miedo y guerra/Cortesía

Paralelamente, las comunidades musulmanas enfrentaron un incremento de la discriminación y los ataques motivados por prejuicios religiosos. Las estadísticas citadas del FBI registraron un aumento de 1.617 % en los delitos de odio contra musulmanes entre 2000 y 2001, mientras que mezquitas y personas de ascendencia árabe también fueron blanco de agresiones y amenazas.

El fenómeno trascendió las fronteras estadounidenses y alcanzó a países latinoamericanos. En naciones como Chile y México se hicieron visibles expresiones discriminatorias y representaciones que vinculaban de manera indiscriminada la identidad musulmana con el terrorismo.

Los medios de comunicación y la industria cultural también contribuyeron, según el análisis presentado, a reproducir la imagen del denominado “enemigo musulmán”, mediante coberturas, producciones audiovisuales y discursos que asociaban repetidamente el islam con violencia y amenaza.

La dimensión política del fenómeno se hizo evidente durante distintas campañas electorales estadounidenses. En 2016, Donald Trump convirtió a la población musulmana en uno de los blancos de su discurso, mientras que posteriormente impulsó restricciones migratorias para ciudadanos de varios países de mayoría musulmana.

torres gemelas

En el contexto actual, el aniversario del 11-S vuelve a adquirir una dimensión política. Durante una ceremonia conmemorativa, Trump vinculó la memoria de los atentados con la confrontación entre Estados Unidos e Irán y presentó la amenaza relacionada con las capacidades nucleares iraníes como parte de los argumentos para justificar la acción militar.

De esta manera, la conmemoración de una tragedia ocurrida hace un cuarto de siglo vuelve a quedar relacionada con el lenguaje de seguridad, amenaza externa y poder militar, mostrando cómo el legado político del 11-S continúa influyendo en los discursos y conflictos contemporáneos.