Irán asegura que su sector energético ha logrado mantener sus operaciones pese a los ataques contra infraestructura petrolera y gasífera y a las restricciones marítimas impuestas por Estados Unidos.
El ministro de Petróleo, Mohsén Paknejad, afirmó que las exportaciones de crudo y gas no se interrumpieron durante el periodo de conflicto, incluso después de que varias instalaciones estratégicas fueran atacadas.
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Entre los puntos afectados estuvo South Pars, el mayor campo de gas natural del mundo, además de instalaciones de almacenamiento, distribución y procesamiento energético.
Según el funcionario, los daños obligaron a reducir temporalmente parte de la capacidad de producción, aunque los trabajos de reparación permitieron recuperar una porción importante de las operaciones.

Irán desafía los bloqueos y mantiene sus exportaciones de petróleo y gas
Teherán también sostiene que logró mantener sus compromisos con compradores internacionales mediante una estrategia logística que incluyó el traslado de importantes volúmenes de petróleo fuera del golfo Pérsico y el Mar de Omán, antes de la reanudación de las presiones estadounidenses.
Pese al escenario de tensión, Irán busca ampliar su capacidad productiva. El Gobierno puso en marcha un programa para incrementar la producción de crudo en 250.000 barriles diarios. Hasta ahora, el plan habría permitido sumar entre 70.000 y 80.000 barriles diarios.
El país también trabaja para aprovechar mejor sus recursos de gas. Los proyectos implementados han permitido reducir la quema de gas en antorchas y recuperar alrededor de 11,5 millones de metros cúbicos diarios adicionales.

En paralelo, continúan las perforaciones en South Pars. Algunos de los más de 30 pozos previstos ya fueron completados, mientras otros permanecen en construcción.
La tensión también se mantiene en el ámbito diplomático. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, advirtió que Teherán responderá de inmediato si Estados Unidos retoma y cumple sus compromisos relacionados con la navegación en el golfo Pérsico.
El panorama deja a Irán ante el desafío de mantener su producción y exportaciones energéticas mientras reconstruye infraestructura y enfrenta nuevas presiones internacionales.


















