Brian Wilson, veterano del Ejército de Estados Unidos, abogado y activista por la paz y la solidaridad con los pueblos de América Latina; recuerda en entrevista con la Juventud Sandinista, los acontecimientos que transformaron su vida y que lo llevaron a involucrarse con Nicaragua y el movimiento sandinista.
Su transformación comenzó antes de llegar a Vietnam. Criado en una familia profundamente religiosa, Wilson empezó a cuestionar las enseñanzas que había recibido y posteriormente extendió esas dudas a la historia y las políticas de su país.
“Eso me abrió la mente a cuestionar sobre todo. Aunque mis creencias eran muy conservadoras, yo empecé a pensar de que la iglesia era una gran mentira. Cuando llegué a Vietnam también empecé a cuestionar todo lo que decía mi gobierno de ese entonces sobre Vietnam, Laos y Camboya”; expresa.
En 1969, durante su quinta semana en Vietnam, Wilson presenció las consecuencias de un bombardeo con napalm contra una comunidad habitada por pescadores y campesinos.
Su postura firme contra las matanzas en Vietnam
“La comunidad fue habitada por familias pescadores y campesinos y lo que logré ver fue la mayor parte de los muertos eran niños, niñas y madres. Lo que logré ver, la mayoría de los muertos en la comunidad fueron niños y niñas y campesinos, ningún arma. En otras palabras, era una gran mentira”.
Después del bombardeo acudió a instalaciones militares estadounidenses para revisar los reportes de las operaciones. Allí encontró que las víctimas eran contabilizadas como miembros del Viet Cong.
“Y yo llegué a la conclusión y les dije que todos los que tienen ahí reportados como VC eran niños y niñas asesinados. Y si eso fue un engaño, una mentira, entonces pregunto cuál es la verdadera razón de los Estados Unidos”; acotó.

Aquella experiencia provocó una profunda crisis personal. Wilson comenzó a estudiar la historia de Estados Unidos y asegura que descubrió que muchas de las ideas con las que había sido educado no correspondían con lo que estaba encontrando.
“Empecé a estudiar historia y en especial la historia de los Estados Unidos. Y estuve en tal mal estado emocional de tantas mentiras que hasta pensé en el suicidio. Todo lo que había aprendido en la iglesia, en el colegio, familia, mis antepasados, todo fue una gran mentira”; sostuvo.
Brian Wilson: “Estoy viendo a mi hermana”
Entre los recuerdos más fuertes de aquella época está el momento en que observó a una mujer muerta junto a dos niños. La mujer tenía los ojos abiertos y, según Wilson, el bombardeo había quemado sus pestañas y párpados.
Mientras él lloraba frente a la escena, asegura que un oficial vietnamita se reía porque consideraba aquello una victoria sobre los comunistas.
Cuando el oficial le preguntó por qué estaba llorando, Wilson respondió: “Porque estoy viendo a mi hermana”.
“No sé de dónde nació, solo sé que salió de mí. Y desde ese punto en adelante, estar en Vietnam fue para mí muy difícil porque solo quería gritar, gritar y gritar”.
“Desde ese evento de 1969 mi vida ha sido diferente”, asegura.

Su acercamiento a Nicaragua
Wilson abandonó el Ejército en 1970, terminó la carrera de Derecho y posteriormente comenzó su actividad como activista. Durante los años 70 empezó a conocer información sobre el movimiento sandinista a través de publicaciones estadounidenses que daban cobertura a diferentes movimientos revolucionarios.
“Fueron reportes semanales, estaban cubriendo sobre el movimiento del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Y así me di cuenta en los 70, antes de la revolución, yo ya tenía información y ya me estaba documentando al respecto”.
Su interés aumentó por la cercanía geográfica entre Nicaragua y Estados Unidos. En 1986 obtuvo una beca para estudiar español en Estelí; donde permaneció dos meses.
Aunque reconoce que no logró aprender español como esperaba, la experiencia terminó acercándolo todavía más a la realidad nicaragüense y a otros procesos revolucionarios de Centroamérica.

Brian Wilson: “Yo sabía que yo era un sandinista”
Wilson regresó posteriormente a Nicaragua y recorrió buena parte del país. Durante su estadía en Estelí, asegura haber presenciado las consecuencias de ataques de la Contra contra comunidades rurales.
“La primera semana en Estelí en el curso de español, la Contra atacó a tres comunidades rurales en Estelí. Tuve en esa semana la dicha de estar en la casa de mi madre nicaragüense, que es donde yo vivía y convivía cerca del cementerio de Estelí, y pude ver los camiones que entraban con las familias asesinadas por la Contra”; indica Brian Wilson.
Después recorrió diferentes regiones del país, incluyendo el Caribe, el Pacífico, la zona Centro y el Norte.
En 1987 participó junto a otros veteranos estadounidenses en una caminata por una zona de confrontación, sin portar armas. Fue durante esa experiencia cuando, según cuenta, terminó de asumir su identificación con el movimiento sandinista.
“Cuando llegamos a Wiwilí, el 29 de marzo de 1987, nos recibieron muchas familias a la orilla de la carretera. Y en ese punto, en ese momento, yo sabía que yo era un sandinista”; expresa Brian Wilson.
Los 47 días de huelga de hambre
Antes de regresar a Nicaragua, Wilson y otros veteranos participaron en una protesta frente al Capitolio de Estados Unidos contra las políticas de Ronald Reagan en Centroamérica.
La protesta consistió en una huelga de hambre en la que solamente consumían agua. Los participantes sabían que la acción podía terminar con sus vidas y llegaron incluso a preparar sus testamentos.
“Como fue una ayuna de solo ingerir agua, nosotros los veteranos que estábamos en la protesta, estábamos conscientes que en unos días íbamos a fallecer. Estábamos dispuestos a sacrificarnos por los pueblos de Latinoamérica. Incluso teníamos considerados en dónde iban a llevar nuestras cenizas”; explica.
La huelga terminó después de 47 días, cuando uno de los participantes estaba cerca de morir. Los veteranos tuvieron que decidir entre continuar con el plan inicial o detener la protesta para salvar a su compañero.
El día que el tren pasó sobre su cuerpo

La parte más impactante de la historia ocurre en septiembre de 1987. Después de observar durante meses los trenes que transportaban armas y municiones hacia Centroamérica; Brian Wilson decidió bloquear las vías utilizando su propio cuerpo.
El 1 de septiembre tomó posición junto a otros dos veteranos.
“Yo decidí después de ver que esa actividad era diaria, en el aniversario de la Water Fast del año anterior, que yo iba a empezar a hacer bloqueos pero con mi cuerpo. En mis pensamientos no hubo posibilidad de que el tren iba a pasar por sobre nuestros cuerpos”; indica.
Pero el desenlace fue diferente al que esperaba. Dos días después despertó en un hospital sin recordar lo ocurrido.
“No tengo memoria de lo que pasó el primero de septiembre. Me explicaron mis compañeros, mis amigos, que el tren se fue por encima de mi cuerpo. ¿Cómo pasó eso? La ley es que se tiene que detener el tren y pues echarnos presos”; sostiene Brian Wilson.
Wilson sobrevivió al impacto, pero sufrió graves lesiones. Perdió ambas piernas, parte del cráneo y sufrió fracturas en los hombros, codos, muñecas y otras partes del cuerpo.
“No tengo idea porque mi cuerpo entero estaba por debajo del tren. Y después de un par de meses de recuperación, perdí mis piernas, perdí parte del cerebro, mis hombros estaban rotos, mis codos estaban rotos, mis muñecas estaban rotas. Pero tuve una prótesis y pude empezar a practicar caminar”.
Brian Wilson: “No fue un acto de coraje, fue un acto de amor”
A pesar de haber puesto su vida en riesgo y de haber quedado con graves secuelas físicas, Wilson no considera que aquella acción haya sido un acto heroico.
Explica que lo hizo porque estaba convencido de que detener los trenes podía evitar que continuaran muriendo personas inocentes.
“Para mí tomar la decisión de sentarme en las vías ferrocarriles no fue algo de fuerza, sino de voluntad. Y era para mí importante hacer esa acción porque si seguían los trenes con las municiones y con armas, gente inocente iban a seguir muriendo”.
Y luego explica por qué no considera que haya sido un acto de valentía: “Así que para mí no fue un acto de coraje, simplemente fue un acto de amor. Si yo puedo hacer esto, van a dejar de morir las familias, la gente. Entonces, yo no quería que siguieran los trenes”; sostiene.
Brian Wilson explica que veía a las víctimas de Nicaragua, El Salvador y otros países como parte de su propia familia.
“Gente inocente de Vietnam, de Nicaragua, del Salvador. Son familias mías, son mis hermanos, mis hermanas”.

A sus 85 años: “No siento que soy un héroe”
Casi cuatro décadas después de aquella acción, Wilson continúa vinculado al activismo. Durante la entrevista también habla sobre el reconocimiento que ha recibido en Nicaragua y rechaza considerarse un héroe.
“No siento que yo soy un héroe, que yo tengo esa confianza. Simplemente sigo caminando y andando y estoy aquí. Porque todo el mundo entero, en una forma, es mi mundo también”.
Asegura que sus experiencias le han enseñado a ser agradecido y que su participación en la Revolución Sandinista forma parte de su fuerza personal.
“No me siento héroe para nada. Yo vivo con miedos, con sueños, como cualquier otra persona. Pero mis experiencias personales me enseñaron a ser agradecido. Y ser parte de la revolución sandinista es parte de mi fuerza”; indica Brian Wilson.
A sus 85 años, Wilson asegura que la solidaridad continúa siendo una de las principales fuerzas que lo motivan.


















