La partida física del Comandante de la Revolución, Ramiro Valdés Menéndez, duele profundamente, como la de un padre.
Así lo quise y respeté siempre. Así recordaré su apoyo y consejos, su discreta colaboración y su ejemplar consagración al servicio de la Patria.
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Cada acto de la vida del Comandante Ramiro estuvo signado por su fidelidad absoluta al liderazgo de Fidel y Raúl, a sus compañeros de lucha y al Programa del Moncada, cuya esencia justiciera defendió desde el asalto a la fortaleza de la dictadura, en 1953, hasta el último aliento de su ejemplar vida, en este Día de los Padres que se nubla con el dolor de su partida.
¡Hasta la victoria siempre, Comandante!


















