Entre cenizas, escombros y el olor aún persistente a humo, comerciantes de los sectores de artesanías, zapatería y celulares del mercado municipal Ernesto Fernández de Masaya iniciaron, desde tempranas horas de este domingo, labores de limpieza en sus tramos, luego del incendio que consumió gran parte de sus negocios la noche del 02 de mayo.
Mientras retiran lo poco que quedó en pie, autoridades, Bomberos Unidos y peritos de la Policía Nacional continúan en la zona realizando las investigaciones para determinar las causas del siniestro, que fue controlado en horas de la madrugada del 03 de mayo. De manera preliminar, se maneja que más de 40 tramos fueron afectados.
- De su interés: Voraz incendio consume varios tramos en el mercado municipal Ernesto Fernández de Masaya
“Mi tramo quedó afectado… perdimos mucho: daños materiales, canastas, hamacas, bolsas… no le sabría decir cuánto”, relató Melyn López, comerciante con 28 años en la venta de artesanías en Masaya.
Aunque su bodega fue consumida por el fuego, destacó que parte de su negocio logró salvarse. “Es un sacrificio de tanto tiempo, pero primeramente le doy la honra y la gloria a Dios que no pasó a más”, expresó.
Incendio devasta mercado de Masaya
Las pérdidas fueron totales para otros comerciantes. “Se nos fue todo: artesanía, canastas, hamacas, barro, bolsos, todo lo que es madera. Con esto sustentábamos a la familia”, lamentó María del Carmen Benítez de Masaya, quien además brindaba empleo a otra persona.
Su negocio, explicó, tiene más de 20 años y ha pasado de generación en generación. “Son años de trabajo… es un golpe duro, pero tenemos fe en que lo vamos a levantar”.
El impacto se profundiza entre quienes habían invertido recientemente. “Ayer estábamos comprando mercadería… y hoy ya no hay nada”, dijo María del Carmen Penado Téllez de Masaya, visiblemente afectada. “Fue un impacto fuerte, en un segundo se perdió todo”, agregó.
Otra comerciante de artesanías, mientras observaba su espacio reducido a cenizas, expresó: “Aquí estamos, esperando que Dios nos ayude… esto es lo único que teníamos”.
A su lado, su esposo, un adulto mayor, también lamentaba la pérdida del negocio con el que sustentaban a la familia. “Tenemos que ser fuertes, solo Dios puede ayudarnos”, afirmó Martha Jiménez.
Entre los afectados, el dolor no solo se mide en dinero, sino en años de esfuerzo. El área permanece bajo resguardo mientras avanzan las diligencias.
Entre limpieza, lágrimas y fe, los comerciantes comienzan el difícil camino de reconstruir sus vidas y sus negocios.



















