En la Isla de Ometepe, la naturaleza no solo se contempla, también se siente y se escucha. Principalmente en Peña Inculta, sobre la carretera, aquí los monos cara blanca y monos aulladores se han convertido en un total atractivo turístico.
“Estoy impresionado con todo lo que hay aquí, hay aves, monos, volcanes y muchos árboles bonitos. Para mí que vengo de Francia, es algo nuevo y un descubrimiento”; dijo Larislav, turista de origen francés.
Ometepe alberga dos especies de monos que coexisten en un entorno natural único: el mono aullador y el mono cara blanca. Ambos cumplen un papel fundamental en el equilibrio ecológico de los bosques tropicales que cubren la isla; ayudando en la dispersión de semillas y manteniendo la dinámica natural de la flora.
El mono aullador es conocido por su potente vocalización, un sonido profundo que puede escucharse a varios kilómetros de distancia, especialmente al amanecer y al atardecer.

Monos son una sensación en Ometepe
Su aullido se ha convertido en una experiencia inolvidable para quienes visitan la isla de Ometepe, marcando el inicio o el cierre de un día rodeado de naturaleza viva. Por su parte, el mono cara blanca destaca por su energía, curiosidad y constantes juegos entre las copas de los árboles, lo que lo hace especialmente atractivo para turistas y fotógrafos que aprovechan la ocasión para conocer más de cerca estas especies de primates.
“Existe rivalidad entre la misma especie, o sea los micos se pelean entre ellos mismos por territorio, pero entre esta especie y el mono aullador o congo, no existe rivalidad alguna. Este último se alimenta totalmente de plantas, hojas o frutas, mientras que el mico puede alimentarse de frutas, huevos de pájaros, insectos y también algunas aves, son animales muy inteligentes y capaces de causar miedo a los humanos”; dijo Adonis López, guía turístico de la isla.

Para quienes llegan a Ometepe, observar a los monos en su hábitat natural es más que un atractivo turístico: es un recordatorio de la riqueza natural que posee la isla y de la responsabilidad colectiva de protegerla. Los monitos de Ometepe no solo adornan el paisaje; son símbolos vivos de un ecosistema que merece ser respetado y preservado para las futuras generaciones.



















