Las intensas lluvias que azotan a Kenia han provocado inundaciones repentinas en varias regiones, incluyendo la capital, Nairobi, interrumpiendo la vida diaria y causando daños graves a la infraestructura.
Según el Gobierno, al menos 42 personas han muerto desde el viernes seis de marzo, desatando una emergencia humanitaria y ambiental.
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Asimismo, el ministro de Servicios Públicos, Geoffrey Ruku; informó que solo en Nairobi se registraron 26 fallecidos, donde los barrios bajos y asentamientos informales han sido sumergidos, arrastrando vehículos y viviendas.
La situación también ha afectado el transporte, obligando a Kenya Airways a desviar vuelos hacia Mombasa. Los equipos de rescate continúan recuperando cuerpos y brindando asistencia en toda la ciudad.

Emergencia en Kenia
El presidente de Kenia, William Ruto, movilizó personal de emergencia y unidades militares para coordinar las labores de rescate y asistencia. Entre las medidas gubernamentales, destacan la distribución de alimentos de socorro, cobertura total de facturas hospitalarias y apoyo directo a hogares afectados, buscando mitigar el impacto económico y social.
La Cruz Roja de Kenia reportó que cientos de hogares y vastas áreas agrícolas resultaron destruidas. Científicos internacionales vinculan estos fenómenos con el calentamiento global, que intensifica las lluvias violentas en África Oriental, afectando también a Somalia y Etiopía.
The ongoing flooding in parts of Nairobi and several other areas of our country has caused immense distress to many families, resulting in the tragic loss of lives, displacement of residents, and damage to homes, property, and livelihoods.
I extend my deepest condolences to the…
— William Samoei Ruto, PhD (@WilliamsRuto) March 7, 2026
Un estudio de World Weather Attribution confirma que el cambio climático ha duplicado la probabilidad de lluvias extremas en la región.
Desde 2024, Kenia enfrenta un clima extremo, alternando entre sequías históricas e inundaciones letales, exacerbadas por el fenómeno de El Niño.
La saturación del suelo y los deslizamientos de tierra en 2026 han destruido infraestructuras clave, evidenciando la vulnerabilidad del país ante los efectos del calentamiento global que África no provocó, pero que sufre directamente.

















