The Downward Spiral cumple 32 años: la obra maestra de NIN y del rock industrial

«Nada puede detenerme ahora, porque ya no me importa más», canta Trent Reznor, líder y genio detrás de Nine Inch Nails, en uno de los sencillos de The Downward Spiral, titulado Piggy.

Este álbum conceptual no solamente marcaría la definición del rock y metal industrial, sino que sería una vena abierta —con sangrado y decadencia— de la mente trastornada de una figura única dentro del género.

Lanzado un 8 de marzo de 1994, el disco formó parte de un año considerado uno de los más productivos en la historia del rock y el metal alternativo. También fue un año agitado en toda la definición de la palabra, marcado por la muerte de Kurt Cobain.

Y en medio de todas esas tempestades apareció un álbum concebido en una “casa maldita”. Un lugar que reúne tantos detalles técnicos como emocionales que terminaron por convertirlo en un ícono dentro de la industria.

El lugar más oscuro para grabar un álbum

En 10050 Cielo Drive, la misma casa donde ocurrió una terrible masacre perpetrada por seguidores de Charles Manson, que acabaron con la vida de una Sharon Tate embarazada, fue donde Reznor instaló su estudio. Lo bautizó “Le Pig”, en referencia a la palabra que los asesinos dejaron escrita con sangre en la escena del crimen. Allí se grabó buena parte de The Downward Spiral.

Años después se arrepentiría de esa decisión. Pero el dato nos da un panorama claro de la oscuridad que recorría su mente y su alma musical en ese momento.

Y es que uno no puede escuchar este disco sin notar la desbordante carga emocional que lo atraviesa. Temas como la autolesión, la falta de compasión, el odio a uno mismo, el abuso de sustancias, así como los juegos de poder o la incapacidad de lidiar con las propias emociones, aparecen constantemente. Más que acercarse a otros, el protagonista parece empujarlos lejos.

La maravilla técnica musical de The Downward Spiral

La maravilla es que Reznor mezcla todo esto con capas y capas de sintetizadores, guitarras distorsionadas, loops inesperados, baterías estridentes y líneas de bajo que sostienen cada tema.

The Downward Spiral, como todo disco de Nine Inch Nails, es una obra dirigida por su fundador, pero también cuenta con colaboraciones importantes. Entre ellas destaca Adrian Belew, guitarrista de King Crimson; además del trabajo de producción compartido con Flood.

Es así como surgen canciones que parecen nacidas de una maquinaria infernal: palancas, taladros y tornillos retorciéndose en la mente de un hombre que lentamente cae hacia el precipicio, hasta terminar lanzándose voluntariamente al mismo.

 

Eso es lo grande de The Downward Spiral: un álbum violento en naturaleza que termina con la destrucción de su propio protagonista nihilista.

Mr. Self Destruct es la forma más directa de este concepto, además de ser la primera canción del álbum. Luego aparecen himnos como Piggy o Closer, cuyo video musical —dirigido por Mark Romanek— fue altamente censurado por MTV.

Foto: Portada de The Downward Spiral, de Nine Inch Nails
Foto: Portada de The Downward Spiral, de Nine Inch Nails

Los episodios de la Espiral en Descenso

Al tratarse de un disco conceptual, veremos pasar varios episodios por la mente de nuestro protagonista. Sus quejas se mueven desde el odio hacia sí mismo hasta cuestionamientos hacia Dios, relaciones destructivas o reflexiones sobre una vida que parece no valer más que la suma de sus peores actos.

Entre mis canciones favoritas están Reptile, Heresy y Eraser. En ellas se aprecia la enorme gama artística de Reznor. No se trata solamente de una fusión frenética de sonidos, sino también de cómo la calma —o la apariencia de ella— puede mezclarse con momentos de introspección en piano. Un talento casi celestial que Reznor parece llevar en la sangre.

The Downward Spiral vendió 3.7 millones de copias en EE. UU. y alcanzó el puesto Nº 2 del Billboard 200, toda una hazaña para un álbum con este nivel de agresividad y experimentación.

The Downward Spiral es considerado un hito musical

Hoy sigue siendo considerado uno de los discos más importantes de los años noventa y de la historia del rock industrial.

Y su canción final, Hurt, no solamente es una epopeya del sentimiento más oscuro de un hombre, sino que años más tarde —en 2002— se transformaría en el poema final de otro artista descomunal: Johnny Cash, en un cover que ya es legendario.

The Downward Spiral fue un álbum que empecé a escuchar cuando estaba en secundaria. Recuerdo incluso reproducirlo en la televisión a través de mi PlayStation.

Fue un disco que me acompañó en esos momentos de angustia que puede generar la adolescencia: no pertenecer, sentirse fuera de los círculos sociales populares. Muestra de ello, muchos pupitres que rayaba con «NIN» en los pupitres del Doris María.

Nine Inch Nails, de las más grandes bandas del rock

En su momento se le criticó por su fiereza y su violencia radical. Pero el arte está precisamente para desafiar modelos, y eso es exactamente lo que Trent logró aquí.

Se desnudó con sus pensamientos más extremos, y terminó marcando a generaciones enteras.

«Quiero hacer algo que importe», grita con desgarro en I Do Not Want This.

Y así es, Trent. Mi camino profesional me lleva justamente a eso: intentar hacer algo que importe, y en este caso es el poder escribir y analizar el arte desde este y otros espacios comunicacionales.