
Este es el efecto Shohei Ohtani.
Ohtani sacudió un grand slam en la segunda entrada el viernes en el Clásico Mundial de béisbol, lo que impulsó a Japón a tomar rápidamente la ventaja sobre Taiwán. También pegó un doble en su primer turno al bate en la primera entrada.
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Esa fue la acción temprana del juego que acabó con una victoria 13-0 por abultamiento de carreras.
También ofreció un espectáculo enorme en la práctica de bateo, horas antes de que siquiera comenzara el partido, y entusiasmó a muchos que habían viajado desde lejos para verlo.
Lia Chan y su esposo How, junto con otros familiares, viajaron desde Singapur —un vuelo de unas siete horas a Tokio— solo para ver a Ohtani jugar en el Clásico.
“Y el béisbol ni siquiera es popular en Singapur”, comentó Lia, sentada a unas cuantas filas detrás del plato. “Sabemos de béisbol, lo vemos, pero cuando apareció Ohtani, esto se salió de proporción”.
Lia, su esposo y otros singapurenses de su grupo estuvieron entre los cerca de 40.000 presentes en el estadio que el viernes exclamaban de asombro, y eso que era solo la práctica de bateo, horas antes del segundo juego del Grupo C.
Ohtani sabe de drama.
Hizo esperar al público quizá unos 30 minutos mientras otros jugadores japoneses practicaban y cientos de reporteros con cámaras, teléfonos y trípodes deambulaban en una zona cercada en el terreno.
















