
«En este acto rendimos homenaje al Cardenal Miguel, pastor de la reconciliación y de la paz, quien en aquellos días difíciles nos entregó la bandera de la concordia. Caminó Nicaragua entera, recorriendo caminos y corazones, buscando, propiciando y trabajando incansablemente por la paz en reconciliación»; inició la copresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, en el acto oficial para la entrega de la Medalla de la Reconciliación y Paz.
Hoy rendimos homenaje al pastor, pero también al hombre cuya vida fue ejemplo y misión. Algunos se preguntan por qué quieren convertirlo en santo, pero no somos nosotros quienes lo hacemos: su propia vida es su santidad.
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Su entrega, su coherencia y su testimonio hablan por sí solos. Y aquí estamos, manteniendo ese camino que él nos enseñó, porque no hay provocación ni hostigamiento capaz de quebrar un corazón fortalecido y decidido a hacer el bien y a construir la paz.
Como decía San Francisco: paz y bien. Paz para el bienestar de las familias nicaragüenses, paz para trabajar todos los días por ese bienestar común, para luchar contra la pobreza y avanzar hacia el merecimiento de un pueblo grande, un pueblo que ha sabido darlo todo por la libertad, por la dignidad y por la hermandad. Somos un pueblo creyente, un pueblo cristiano, y cumplimos ese mandato de vivir y querernos como hermanos.

Nuestra Nicaragua es de paz y bienestar
Cada vez que el Comandante recorre la memoria de aquel nefasto 2018, no dejo de pensar que el mayor pecado del ser humano es el egoísmo, acompañado de la vanidad. Ese egoísmo que nubla la mente de algunos, que les hace perder la razón y pretender derrumbar la tranquilidad, la alegría y la seguridad de un pueblo que vive en paz.
Por eso, cada vez que recordamos esos momentos, sabemos que debemos luchar dentro de nosotros mismos contra el egoísmo; luchar por la cordura, que es ternura; luchar por el amor, que es vida; y luchar por la paz, que no es solo esperanza, sino certeza. Certeza de que vamos bien y de que siempre avanzamos, más allá, como nos enseñó Sandino.
Hoy es un buen día para nuestra Nicaragua. La decisión es la reconciliación, la concordia, la paz y la hermandad. La decisión es el amor, y el amor es fe, es fortaleza, es ese gran espíritu que se manifiesta en cada uno de nosotros y nos llama a ser mejores: mejores ciudadanos, mejores revolucionarios, mejores pobladores, mejores estudiantes, mejores mujeres y varones, mejores trabajadores; a ser mejores en todo lo que hagamos.
«Esta Nicaragua nuestra es una Nicaragua de paz y bienestar, de avances firmes contra la pobreza y de vida buena: alegre, tranquila y segura»; finalizó la copresidenta.

















