El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, vivió un momento tenso durante la sesión de preguntas al primer ministro (PMQs), al tener que ocultar sus manos para que no se vieran temblando mientras abordaba el caso de Peter Mandelson.
Este gesto fue interpretado en Westminster como un reflejo de la enorme presión política que enfrenta Starmer debido al escándalo relacionado con Jeffrey Epstein; según informó Daily Express.
El caso gira en torno a las filtraciones de información sensible de Mandelson a Epstein cuando el primero ocupaba el cargo de Secretario de Estado de Negocios bajo el Gobierno de Gordon Brown. Más adelante, Mandelson fue nombrado embajador en Estados Unidos por decisión de Starmer, un hecho que ahora pone en cuestión la autoridad del líder laborista en Downing Street.
Durante su intervención del miércoles, Starmer calificó la conducta de Mandelson como una «traición» al país, al Parlamento y al Partido Laborista.
Starmer had to hide his hands and stop them shaking while talking about Peter Mandelson during PMQs.
He knows this scandal could end his career. pic.twitter.com/3CQfajkm3V
— Connor Tomlinson (@Con_Tomlinson) February 4, 2026
Keir Starmer, con manos temblando frente a críticas por Epstein
Además, admitió que se arrepiente de haberlo designado y aseguró que “nunca habría estado cerca del Gobierno” si hubiera conocido en aquel momento la información que hoy se ha hecho pública mediante los documentos del Departamento de Justicia de EE.UU.
Para limitar el daño político y restaurar la confianza, Starmer anunció un conjunto de medidas extraordinarias. Entre ellas, propuso impulsar una ley para despojar a Mandelson de su título nobiliario; establecer un mecanismo que permita expulsar a los lores deshonrados y retirar al exministro de la lista de consejeros privados.
El primer ministro aseguró que estas decisiones ya han sido coordinadas con el rey Carlos III; buscando así un respaldo institucional que refuerce la seriedad de las acciones adoptadas.
El episodio subraya la complejidad política que enfrenta Starmer; atrapado entre la gestión de crisis y la necesidad de mantener la autoridad de su gobierno frente a un escándalo internacional que amenaza con afectar la reputación del Partido Laborista y su liderazgo.


















