El Senado de Estados Unidos aprobó este jueves una resolución que restringe al presidente Donald Trump de usar las fuerzas armadas contra Venezuela sin la autorización explícita del Congreso, en un claro desafío a la Casa Blanca.
La medida se aprobó con 52 votos a favor y 47 en contra, reflejando un respaldo bipartidista frente a las recientes agresiones contra la soberanía venezolana y el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro.
Cinco senadores republicanos rompieron filas con su partido para respaldar la resolución: Rand Paul (Kentucky), Lisa Murkowski (Alaska), Susan Collins (Maine); Todd Young (Indiana) y Josh Hawley (Misuri).
Además, el demócrata John Fetterman (Pensilvania), quien inicialmente había mostrado dudas, decidió sumarse a la iniciativa. La votación evidencia una creciente preocupación en el Capitolio por la política exterior de Trump y subraya la importancia de la supervisión legislativa en decisiones militares.
The Senate just passed a bipartisan vote signaling deep concern about Trump’s continued military actions regarding Venezuela. Americans don’t want us to “run” Venezuela and they deserve to have their voices heard. pic.twitter.com/0xK0GhrdiT
— Senator Andy Kim (@SenatorAndyKim) January 8, 2026
Casa Blanca sobre agresiones a Venezuela
Copatrocinada por Paul, la resolución exige el cese inmediato de las hostilidades estadounidenses en Venezuela y busca reafirmar el rol constitucional del Congreso en la declaración de guerras. Aunque no tiene carácter vinculante inmediato, su aprobación envía un mensaje político fuerte, subrayando los límites al poder ejecutivo.
«El Senado ha enviado un claro mensaje bipartidista sobre las preocupaciones por las acciones militares de Trump respecto a Venezuela. Los estadounidenses esperan que se respete la voz del pueblo y la supervisión del Congreso»; escribió en su cuenta de X el senador demócrata Andy Kim (Nueva Jersey).
Desde Caracas, el Gobierno venezolano reiteró su postura de defensa absoluta de la soberanía nacional; enfatizando que las decisiones de política exterior y seguridad interna son asuntos exclusivos de su pueblo y de su Gobierno, y no pueden ser dictadas por parlamentos extranjeros.
Esta votación marca un nuevo capítulo de tensión entre Washington y Caracas; al tiempo que refleja la creciente resistencia dentro del propio Congreso estadounidense a intervenciones militares unilaterales.



















