Laurence des Cars, presidenta del Museo del Louvre, compareció ante el Senado francés para explicar el robo sufrido por la prestigiosa pinacoteca. Con tono grave y visiblemente afectada, admitió el “fracaso” y calificó la sustracción de las joyas, valoradas en 88 millones de euros, como “una herida inmensa”.
Detalló los planes de seguridad aplicados en los últimos años, aunque reconoció la existencia de “elementos preocupantes” en el sistema de vigilancia.
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Según reveló Le Figaro, ese mismo día presentó su dimisión al presidente Emmanuel Macron, quien la rechazó y la exhortó a “mantenerse firme”, para no interrumpir la renovación del museo.
Sin embargo, la comparecencia estuvo marcada por la dureza de los senadores, que la acusaron de haber convertido al Louvre en “el hazmerreír”. Des Cars, “mortificada” por las críticas, atribuyó el robo al envejecimiento de las instalaciones.

Francia busca respuestas tras el robo del Louvre
La ministra de Cultura, Rachida Dati, evitó asumir errores y responsabilizó a la seguridad urbana de París, defendiendo el trabajo de los agentes del museo. Reconoció, no obstante, la necesidad de reforzar los dispositivos de protección, en coordinación con el Ministerio del Interior.
El robo, más allá de su impacto patrimonial, simboliza el momento crítico que atraviesa Francia, entre la crisis del gobierno de Macron y el ingreso en prisión del expresidente Sarkozy. El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, calificó el asalto de “imagen lamentable del país”.
La fiscal Laure Beccuau confirmó el procesamiento de cuatro sospechosos y una búsqueda internacional para recuperar las piezas: tiaras, collares y broches pertenecientes a emperatrices como Eugenia de Montijo y María Luisa de Austria.

Dos semanas después, ni rastro de las joyas. Aunque se las considera “invendibles”, expertos advierten que podrían ser desmanteladas por sus valiosos diamantes y esmeraldas, prolongando el misterio de uno de los robos más audaces en la historia del Louvre.

















